Los magos no son héroes del pasado. Son maestros de una espiritualidad posible hoy. Sus regalos no son folklore piadoso: son pura profecía, de altísimo valor político en cualquier época. Personajes profundamente subversivos de toda forma de poder que pretende sacrificar la vida en nombre del control.
Los magos simbolizan una concepción del conocimiento alternativa a la que se impone —y se padece— en cada época: sabiduría que no se somete, búsqueda que no se arrodilla, verdad que no negocia con el poder.
Por supuesto, había que domesticarlos. Estos sabios, libres y eternamente extranjeros, ( siempre otros) resultaban peligrosos
. Así que con el tiempo hubo que meterlos en alguna corte: les pusieron coronas y los llamaron reyes (sin el más mínimo indicio de eso en los evangelios). Hay que admitirlo: los embellecieron, pero les quitaron el filo ![]()
.Y es muy divertido aprender como intentaron controlar el mito a lo largo de la historia
Los Magos son medicina espiritual, política, social y psicológica. Tienen un antecedente simbólico en Abraham, (el primero en salir de la tierra de sus padres sin demasiados mapas) No tiene fondo la fascinación que provoca preguntarse cómo aquellos escritores evangélicos lograron dejar tantas pistas en un relato tan breve
.
Y tal vez ahí esté el regalo que nos dejan
: una pedagogía del discernimiento para todos los buscadores de sentido. Aprender a leer los signos
, aceptar la luz intermitente, no pactar con el poder ( no confrontarlo) cuando la estrella se apaga y animarse —cuando llega el momento— a volver por otro camino
. Un don silencioso, sin moño ni estruendo, pero capaz de reordenar una vida entera.
Cuanto más se escudriñan esos símbolos, más asombra la actualidad de su profecía. De modo que, cuando cierro la Biblia, me brota desde las entrañas una certeza imposible de domesticar: “Es Palabra de Dios.” ![]()
Te invito a abrir este regalo imperecedero, de una sabiduría tan antigua y tan nueva.
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