EL LOCO DE DIOS

La historia de este libro comienza con una paradoja: el Vaticano, la institución que custodia la fe, decide invitar a un «ATEO». El elegido es Javier Cercas, un escritor que no solo es ateo, sino un racionalista convencido.

La propuesta no buscaba un elogio complaciente, sino una mirada honesta y externa. El entorno del Papa Francisco entendió que para explicar la figura del pontífice al mundo moderno, se necesitaba a alguien que hablara el lenguaje de la duda. Eligieron a Cercas por su capacidad de diseccionar la realidad sin filtros y porque, aunque no cree en Dios, el autor carga con una herencia católica profunda a través de la fe de su madre, lo que le permitía conectar con el fenómeno religioso desde el respeto, pero sin la «ceguera» del devoto.

Durante su convivencia con Francisco y el viaje al «fin del mundo» (Mongolia), Cercas descubre algo que redefine su visión del Pontificado. Para el autor, el eje de Francisco no es el protocolo ni el poder, sino una audacia radical y una humildad descarnada. Descubre que el núcleo del mensaje de este Papa es la misericordia aplicada a las heridas reales, presentándolo no como un ser infalible, sino como un hombre que se reconoce pecador y que está dispuesto a arriesgarlo todo por los olvidados. Cercas ve en él a un «loco de Dios» que intenta reformar una institución milenaria con las armas de la sencillez.

Para aceptar el desafío, el autor impuso una sola regla innegociable: libertad absoluta. Cercas pidió que nadie supervisara su texto, que no hubiera censura previa por parte de la Santa Sede y que pudiera escribir, con total honestidad, tanto lo que le maravillaba como lo que le generaba rechazo. Quería que el libro fuera el testimonio de un hombre libre frente a un hombre de fe.

Para Javier Cercas, el viaje a Mongolia no fue solo un desplazamiento geográfico hacia una de las periferias más remotas del catolicismo; fue, en realidad, un viaje al interior de su propia historia.

Al elegir acompañar al Papa a un lugar donde los católicos son una minoría casi invisible, Cercas entendió que el pontificado de Francisco se juega en los márgenes. En esas tierras desoladas y frías, el autor observó al «loco de Dios» moverse con una energía que desafiaba su edad, buscando no el espectáculo, sino el contacto humano directo. Fue allí donde Cercas comprendió que la fe de Francisco no es teórica, sino una forma de resistencia ante la indiferencia del mundo.

Pero la verdadera razón por la que este ateo aceptó el reto no está en los mapas, sino en su casa. Cercas confiesa que escribió este libro para intentar comprender a su madre, una mujer de fe profunda y sencilla.

  • La pregunta clave: El autor siempre se sintió intrigado (y quizás un poco envidioso) por la serenidad que la religión le brindaba a ella.
  • La promesa de la resurrección: Mientras el Papa le hablaba de teología, Cercas pensaba en la esperanza de su madre en la «resurrección de la carne». Al entrevistar a Francisco, no buscaba respuestas dogmáticas para sí mismo, sino descifrar el código que hacía que su madre viviera con esa paz. El libro termina siendo un homenaje a esa fe materna que él, desde su racionalismo, admira pero no puede alcanzar.

Al final de la travesía, lo que queda es el diálogo entre tres soledades: la del Papa en su misión global, la del escritor en su escepticismo, y la de la madre en su esperanza silenciosa. Cercas descubre que, aunque él no pueda creer, el «loco de Dios» y su madre comparten un tesoro que a él le está vedado, pero que ahora, gracias a este viaje, al menos puede nombrar.

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