¿Qué espiritualidad sirve para vivir cuando el mundo duele?
No una espiritualidad que nos permita sentirnos mejor mientras el mundo sigue igual.
Sino una que nos vuelva:
Más capaces de mirar,
más capaces de soportar la realidad sin negarla,
más capaces de indignarnos sin deshumanizar,
más capaces de cuidar,
más capaces de compartir,
más capaces de permanecer junto al que sufre.
Entonces la espiritualidad deja de ser un lujo para gente que tiene tiempo para pensar sobre Dios.
Cuando una persona vive en modo supervivencia, no tiene por qué estar espiritualmente disponible.
Hay una diferencia enorme entre tener hambre y hablar sobre el hambre; entre estar tratando de sostener a los tuyos y reflexionar sobre la solidaridad; entre estar preocupada por el futuro de un hijo y escuchar una hermosa meditación sobre la confianza en Dios.
Cuando la vida exige permanentemente:
¿Cómo llegamos a fin de mes? ¿Qué va a pasar mañana? ¿Cómo sostengo esto? ¿Cómo protejo a los míos?
El sistema entero se organiza alrededor de lo urgente. Y entonces alguien viene y dice: “Hay que salir de uno mismo y abrirse al otro.”
Y uno piensa: ¿Salir de dónde? Si apenas estoy pudiendo sostenerme adentro de mí.
Hay momentos en que uno no puede amar al mundo.
Apenas puede levantarse. Apenas puede cuidar a los propios. Apenas puede no endurecerse. En momentos como esos el “Altísimo” resulta inalcanzable y hay un santo que descubre justamente lo opuesto: Dios es el Bajísimo
El 4 de octubre es el día de san Francisco de Asís
Yo quiero ofrecerte un puente entre la espiritualidad franciscana y la espiritualidad de supervivencia en un mundo que duele. Y ahí San Francisco vuelve a ser extraordinariamente actual. Porque el dios de Francisco no es el “Altísimo “sino el “Bajísimo” Un Dios que se agacha tanto que solo puede ser descubierto de la mano de la santa pobreza y desnudez.
Este sábado en radio Galilea te anunció al “Bajísimo” a la sombra del Poverello de Asís
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