La Navidad no es solo un recuerdo, sino un tránsito. Al contemplar el pesebre, comprendemos que para entrar en el misterio del portal, primero debemos cerrar algunas puertas.
Cerrar la puerta de la navidad como un nacimiento y abrir el umbral del pesebre como intemperie.
Cerrar la puerta del pesebre como “Lugar” para abrirnos al umbral del pesebre como interrupción
Cerrar la puerta del pesebre como algo bonito y tierno… para abrirnos al umbral de la carencia, de lo que falta…
Cerrar la puerta de la luz, de la estrella mágica de Belén, para abrirnos al umbral de la penumbra…
Solo al clausurar esas puertas logramos abrir el umbral hacia lo sagrado. El pesebre es el umbral por excelencia: un espacio abierto, sin cerrojos, donde la fragilidad de un niño invita a una esperanza nueva.
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