Nuestra cultura suele mirar la menopausia como el final de algo. Las tradiciones espirituales, en cambio, la contemplan como el comienzo de otra fecundidad. La mujer ya no está llamada a dar vida con su cuerpo, sino a dar vida con su experiencia, su palabra, su capacidad de acompañar, de reconciliar, de transmitir esperanza. Decían que cuando una mujer deja de ser fértil para la biología, puede comenzar a ser fértil para el espíritu. Ya no está llamada solamente a dar hijos al mundo, sino a dar mundo a sus hijos; ya no sólo a alimentar cuerpos, sino también almas.
La vida no pierde fecundidad: cambia de forma. Como Deméter, ( Diosa griega de la fecundidad) que después de haber dado trigo a la humanidad terminó regalándole sabiduría; o como Sara, de quien la Biblia dice que ‘había cesado para ella la costumbre de las mujeres’ (menstruación), pero precisamente allí Dios comenzó una historia nueva: la del hijo de Abraham, padre de la fe.
Tal vez la menopausia no sea el ocaso de la mujer, sino el amanecer de una forma distinta y más profunda de fecundidad. Tal vez no sea el invierno de la mujer, sino el tiempo en que madura el fruto más precioso: la sabiduría. Tal vez todas las molestias, desestabilizaciones orgánicas y anímicas que tiene la menopausia sean justamente las contracciones de un nuevo alumbramiento psíquico. Un segundo nacimiento a la plenitud
Este sábado conversamos con la Dra Marta Ledesma especialista en menopausia y completamos el tema conversando sobre la menopausia sagrada
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