“Nuestro miedo helará este infierno” Indio Solari
Seguí muy de cerca a esa multitud inmensa caminando junta para despedir al Indio. Mientras algunos observadores oficialistas hablaron de “marginales que cagan en la calle”, “drogones”, “vagos”, “violentos” y lúmpenes, yo no hacía más que ver lágrimas, canto, abrazos —muchos abrazos— y testimonios personales de quienes se habían sentido “salvados”, “rescatados”, “ahijados” por el poeta que despedíamos.
Inmediatamente se me vino al corazón la manada de la película La Era del Hielo. Cuenta la historia de un mundo que entra en una glaciación. El frío avanza sobre la tierra y obliga a los animales a migrar para sobrevivir. Cada especie busca salvarse como puede. El paisaje es hostil, escaso, peligroso. En medio de ese escenario aparecen tres personajes que no deberían caminar juntos: un mamut grande y fuerte, pero solitario y resentido; un perezoso torpe, abandonado por su propia familia; y Diego, el tigre dientes de sable, que inicialmente tiene intenciones ocultas.
Los tres encuentran a un bebé humano perdido y emprenden el viaje para devolverlo a su familia, ¡yendo en dirección contraria a la de todos los demás seres vivientes!
El verdadero relato es cómo tres seres golpeados por la vida aprenden a formar una comunidad en medio de un mundo congelado. Ninguno parece destinado a caminar con los otros. Sin embargo, terminan encontrando en la compañía mutua la fuerza necesaria para atravesar la glaciación. Se constituyen como manada —como familia— a partir del reconocimiento de su propia vulnerabilidad y del apoyo mutuo.
Más allá de la caricatura y del humor, La Era del Hielo habla de una sociedad sometida al frío. Y no solamente al frío del clima, sino a esos momentos en los que, como decía el Indio, “vivir cuesta muuucha vida”. Cuando cada cual recibe la orden, explícita o implícita, de salvarse solo. Hasta congelarse.
Como la ardilla….
Las eras de hielo no son solo geológicas. También existen las eras de hielo sociales: aquellas en las que “un ángel de la desolación y de la soledad” nos mantiene prisioneros; aquellas en las que se congela la empatía y “vas en la oscura multitud desprevenido, tiranizando a quienes te han querido”.
El Indio, con su mensaje encriptado y oscuro, prometió, como “un mago bueno”, hacerlo bailar. Y lo logró. Hirió el hielo a fuerza de poesía y pogo.
La manada que lo captó no se resigna a arriar las banderas: “Banderas en tu corazón, yo quiero verlas ondeando, luzca el sol o no”. Banderas que, mucho antes que partidarias, son banderas de sobrevivientes.
Eso vi yo.
Una manada interclasista, intergeneracional e interpartidaria atravesando bajo la lluvia una era glacial, tratando de salvar lo humano. “Como pájaros en la noche que oímos cantar y no vemos”.
También vi —no hay que ser ingenuo— la “imagen del que desfigura” siempre todo: “ese diablo que mea en todas partes”.
Pero “no prendas esa luz”.
Las manadas de las eras de hielo, todas ellas, siempre, se sienten impelidas a “proteger su aliento cada día” y esperan que “donde hay dolor habrá canciones”.
Saben, como dijo el mamut, que “no somos la familia perfecta, pero es lo que tenemos”.
Esa imagen de la multitud caminando bajo la lluvia, cantando para no congelarse curiosamente, pertenece al mismo tiempo a La Era del Hielo y al universo del Indio Solari. Esa es la costura que te quiero compartir
La pregunta que nos deja aquella vieja película sigue siendo la misma: ¿cómo se sobrevive al invierno? ¿Encerrándose cada uno en sí mismo, persiguiendo ansiosamente la bellota, como la ardilla? ¿O caminando juntos, aun con nuestras diferencias, para que nadie quede atrás?
Te convido la película, la reflexión, la poesía y la música mañana en Radio Galilea.
PD todo lo que está entre comillas son frases de canciones del Indio Solari
🎧 Escucha el audio completo aquí:
https://www.ivoox.com/player_ej_175499793_6_1.html


