La oración de petición en el banquillo de acusados

Tu silencio Dios ¿es ausencia o provocación? Hablar con vos es como hacerlo con un muro. Últimamente vivo peleando con Tu silencio… Es escandaloso para mí escuchar que dicen que eres un Dios bueno y compasivo “¿Por qué el malvado tiene éxito y el justo es el idiota? ¿Por qué los mismos rayos caen sobre buenos y pecadores? ¿Por qué pecan los padres y padecen los hijos? ¿Por qué las mentiras tienen patas tan largas? ¿Por qué prosperan tan bien los bienes injustos en vez de ver como “despides a los ricos con las manos vacías”? ¿Por qué la historia del mundo es un torrente de estupidez, vileza y brutalidad?

Me animo a estas imputaciones a la sombra de un pueblo de santos, mártires, profetas y salmos que no permiten que dejemos de pelear con el silencio divino, y seguir pidiendo como Dios nos indicó.

Creo firmemente que Dios escucha, interviene y responde pero por sobre todas las cosas creo que hay un tránsito, una metamorfosis entre el pedir y pedir y comenzar a recibir sin que nada de lo que pedimos se cumpla.

Cuando pedir parece inútil lo más normal es dejar de hacerlo, cuando el deseo no se alcanza lo más normal y sano es aceptar y duelarlo. Hay sin embargo un proceso diferente en la fe, una alquimia misteriosa que convierte en oasis el mismo desierto del que suplicamos poder salir.

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